No importa cuán anchas o masivas hagamos las calles y avenidas el problema del tráfico no encontrará solución por ésta vía.

Los panameños “civilizados” nos hemos convertido en esclavos del automóvil individual. Cada familia en su afán por transportarse en una ciudad inhóspita busca en su ya delicada economía como satisfacer la necesidad de un automóvil por adulto. El mal del tráfico parece un laberinto sin salida en dónde el gobierno apuesta por semáforos inteligentes, metro, cintas costera y corredores sin lograr más que pequeños alivios a un cáncer depredador.

La ciudad se explaya sin mesura ni planificación y en las pequeñas oportunidades que hemos tenido los arquitectos, de diseñar entornos urbanos nuevos hemos cometido el error de hacer suburbios dependientes del automóvil dónde para llegar a cualquier lugar “cerca” es imprescindible manejar para poder cruzar vías cada vez más rápidas y hostiles al peatón.

Y es que creo que no jugamos suficiente Atari en nuestra juventud y nos olvidamos de los juegos como “frogger” donde la supervivencia de la rana dependía de cruzar vías abarrotadas de carros cada vez más anchas y aniquiladoras… Porque en el juego uno es la rana y no el automóvil.

El metro y todas sus soluciones alternas no van a funcionar si no cambiamos de actitud. Debemos procurar un programa de educación vial aunado a paradas de metro atractivas que permitan lograr funcionalidades mundanas para los usuarios como supermercados y centros comerciales unidos al sistema de redes de transporte urbano. La idea es que dentro de la ruta el usuario no sólo pueda solucionar sus problemas de transporte sino también los de su vida diaria.

Yo veo el proyecto del metro como un proyecto de ciudad donde nos tenemos que sumar y opinar los ciudadanos. Pero tengo la sospecha que el afán de cumplir una promesa de campaña convertirá a éste proyecto en una carrera contra el reloj donde poco importarán las necesidades reales de la ciudadanía. Es más, creo que al estar acostumbrados a recibir proyectos de baja calidad por parte del estado, con soluciones constructivas de tercera, no sepamos exigir la calidad de proyecto que nos merecemos los ciudadanos.

Es una vergüenza ver las casetas de servicios sanitarios en la Cinta Costera con inodoros de tercera calidad que por supuesto, unido a la falta de un verdadero plan de mantenimiento, solo sirven los primeros días de uso. Y es que el panameño es cochino y todavía no entiende el respeto que se debe tener con sus conciudadanos cada vez que se va al baño.

Los planes de tal envergadura necesitan otro tipo de planeamiento que incluya programas de educación ciudadana a todo nivel. Todo lo que edificamos en la ciudad debe tener conciencia del impacto que ha de tener a todo nivel y no debemos escatimar en el derecho que tenemos todos de disfrutar de una ciudad democrática y amable donde el medio ambiente y no el cemento y los vehículos rigen nuestro estilo de vida.

De nada nos sirve construir para destruir.