Señora Mari de Moradles Directora de la Academia Interamericana de Panamá, Graduandos de la clase 2012, Padres de Familia, Invitados todos.

Estoy segura que todos han escuchado a sus padres, tíos o amigos comentarles sobre el paso que emprenden hoy y la importancia del mismo.  Muchos hablan del comienzo de la vida adulta, las responsabilidades y la necesidad de seguir estudiando para poder consolidar aquellas metas que se propusieron.  Otros les comentan que este es el inicio de una nueva etapa en sus vidas y que deben estar anuentes y no flaquear.

Yo en cambio quiero hablarles de que pasará cuando ya no estemos aquí en este mundo, de lo que transmitiremos a nuestros sucesores, nuestro legado.

La vida está ciertamente dividida en etapas muy estructuradas, nacimiento, niñez, adolescencia, juventud, adultez, vejez y muerte.  En cada una de estas etapas tenemos roles y metas que cumplir como: estudiar en nuestra niñez, adolescencia y juventud, procrear y cuidar de la familia en los inicios de nuestra vida adulta, producir en nuestros años productivos y finalmente descansar y disfrutar en nuestra vejez.  Todos estos roles que nos hemos asignado como sociedad están ligados a los beneficios que podemos lograr por nuestro paso en la vida.  Esta sería, sin duda, la vida de ciudadanos comunes y corrientes que ven sus logros como gloria individual totalmente desfasada y desconectada de la vida en común.

Aquí sentados frente a nosotros están los líderes de mañana, aquellos que deben enfrentar la normalidad de la vida con dificultades mayores de las que enfrentaron sus padres.

Yo los quiero retar hoy a que se deshagan del preconcepto de que la vida tiene etapas y está basada en la gloria del individuo y comiencen a pensar en cómo pueden ustedes ser partícipes del cambio que tanto necesita nuestra sociedad.

Hace ya 15 años comencé mi estudio de arquitectura en el Casco Antiguo porque al regreso a Panamá después de años de estudio vi en aquella parte abandonada de la ciudad el reto que estaba buscando.  Comencé de manera pequeña con un escritorio y una computadora desde la habitación de mi casa y un cliente que no me pagaba suficiente por el trabajo que realizaba.  Me enfrenté a muchos retos personales como ser discriminada en una profesión que aún hoy en día sigue siendo “para hombres” pero nada de eso paró mi deseo de comenzar a cambiar un barrio que a todas luces había sido abandonado por todos.  Alguien creyó en mí y así poco a poco fui creciendo mi estudio, cambiando el barrio que iba adquiriendo una nueva cara y el orgullo personal que yo sentía por tanto logro era cautivante. Estaba logrando todas aquellas etapas que un ciudadano mediocre pudiese esperar de sí mismo. Tenía casa, carro, esposo, hijos, trabajo, éxito y viajes una vez al año.

Mi despertar fue duro y difícil pero no igualmente gratificante.  Con todos estos logros bajo el brazo asistí a una reunión organizada por la UNESCO en el marco del reciente nombramiento del Casco Antiguo como patrimonio de la humanidad para hablar del impacto que este nombramiento estaba teniendo sobre la población de mi barrio.  Sentada en una mesa de diez comenzamos a discutir dicho impacto los empresarios (como yo) y los residentes del Casco Antiguo.  Yo me paré muy orgullosa a nombrar cuantos edificios habíamos restaurado y cuantos teníamos en la palestra para seguir restaurando y el éxito que habíamos logrado, casi que sentía los aplausos que vendrían cuando hubiese acabado mi disertación.  Pasaron varias personas que hablaron hasta que se paró una señora del barrio y dio su versión de lo que había significado para ella el cambio que experimentábamos.  Ella era costurera, tenía 3 hijos y vivía en una casa condenada.  Un viernes en la mañana el nuevo dueño del edificio había removido el techo del ya dilapidado edificio para así lograr desalojar a sus habitantes y poder iniciar el proceso de restauración del edificio.  Ella relató como esa noche llovió como suele llover en Panamá y ningún acto desesperado de ella o su familia pudo protegerla de perderlo todo, no solo su casa sino también su trabajo y sustento familiar.  Yo escuchaba con un silencio avergonzado ya que conocía al dueño del inmueble y sabía que había hecho esto para tomar posesión de su casa.  Hasta ese momento no había confrontado la realidad que mi trabajo tenía un impacto tan negativo sobre un barrio que yo creía estaba haciéndole un gran favor.

Decidí cambiar de estrategia y buscar contrarrestar lo que estaba haciendo para que los impactos fuesen positivos de ambos lados.  Comencé a trabajar con las mujeres del barrio para ayudarlas a que pudiesen a través de herramientas de trabajo encontrar sus propios trabajos que les permitiesen ser parte de a economía formal y así optar por préstamos hipotecarios.

No quiero aburrirlos con el programa ni sus expectativas ya que pudiese pasar toda la tarde hablándoles de esto.

Mi vida cambió y mis etapas se entremezclaron y descubrí el poder de la solidaridad.  El mundo dejo de ser el que me alimentaba a mí y paso a ser mi reto.  ¿Cómo moverse del éxito al significado?

Yo llegue tarde a descubrir el secreto de compartir, ustedes en cambio están justo en el momento donde el impacto de lo que hagan será aún mayor.  Cuando salgan de este evento confrontarán muchos retos educativos pero yo quisiera que no olvidaran el reto de ser parte de esta sociedad y mirar hacia el lado y devolver parte de lo que han recibido.  La vida se puede pasar entre estudios, fiestas y programas de televisión y podemos no darnos cuenta.  Y ahora que están tan jóvenes probablemente no lo han contemplado pero hoy quiero que se pregunten cual va a ser su legado.

Hace unos cuantos años asistí al funeral de un empresario muy exitoso que había muerto de viejo.  En dicho funeral se paró a hablar un familiar quien mencionó todos los éxitos empresariales que dicho muerto había tenido y del dinero que había acumulado.  Mientras escuchaba todo esto pensaba en que a dicho evento le hacía falta algo y por supuesto estoy segura que ustedes pensarán lo mismo.

Miren su vida como un solo paquete y dense cuenta que la muerte no necesariamente llega cuando estemos viejos y que esa será la etapa donde tendremos tiempo para compartir con los más desafortunados.  Piensen que estamos aquí para hacer la diferencia y pónganle el empeño que la vida necesita en todas sus etapas.

Ninguno de ustedes se perfila como un ciudadano  mediocre, por el contrario tienen todas las oportunidades y les recomiendo que las aprovechen.  Miren su vida como una gran fórmula matemática cuyo resultado siempre estará iluminado.  No creo que el camino sea fácil pero será siempre más gratificante.

Finalmente quiero contarles la analogía de la luz que le he hecho a las 500 graduandas que han pasado por nuestros programas de educación adulta.

Imagínense que descubren por primera vez el fuego.  Para encenderlo se necesitan dos piedras que después de mucho esfuerzo encienden por primera vez la chispa de la luz.  Ese fuego inicial les permite calentarse, mejorar su vivienda, aspirar a más horas de luz y buscar inventivas para crear una mejor manera de encender aquel fuego.  La inventiva llega y aparecen los fósforos y la vela.  Ya el esfuerzo para encender es mucho más fácil.  Se encienden velas por toda la casa, pero hay que velar siempre apagarlas no vaya a ser que se queme el edificio por dejar alguna encendida.  Se crean universidades y centros de enseñanza y  se espera que los estudiantes estudien y aprendan bajo la luz de las velas.  Y el deseo de aprender se vuelve tan intenso que descubrimos la electricidad que cambia el mundo para siempre.  Hoy el mundo está despierto las 24 horas, con solo un clic encendemos las luces donde queremos y cuando queremos.  La electricidad corre como la sangre de nuestras venas por toda la ciudad.  Y nos hemos olvidado.  Hemos olvidado todo el esfuerzo que implicó llegar a encender la luz de nuestras habitaciones con un mero clic clic.  Este esfuerzo colaborativo de tantas generaciones lo hemos olvidado y el mundo ya gira a un ritmo que se la ha olvidado lo que es importante.  Quisiera que cuando estén ya en otro lado mirando otros horizontes siempre recuerden que su legado radica en encender la luz del conocimiento, la solidaridad, la paz, la esperanza durante toda su vida y que cuando enciendan el interruptor siempre hagan clic.

Muchas gracias