El Gobierno anunció el inicio de la construcción del tramo marino de la cinta costera III,   al día siguiente de haber entregado el supuesto Estudio de Impacto Patrimonial a la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), dando por sentado que la entrega del estudio se convertía en una orden de proceder.

En esta lucha por la protección de lo que nos pertenece a los panameños, han participado todo tipo de organizaciones y ciudadanos que ven, con asombro, cómo un gobierno miente, manipula y desvirtúa, en aras de aprobar un proyecto que a todas luces tendría un  impacto visual negativo sobre el ya frágil Casco Antiguo.

En cuanto a la manipulación y las mentiras, creo que es indispensable aclarar que dentro del marco legal lo que se licitó fue un túnel que tenía una extensión de 900 metros, interconectado con ambos rellenos que ya se han construido. Dicho túnel fue descartado el mismo día de la licitación, y este Gobierno, en clara contravención de las leyes de la República –algo que no nos sorprende– decidió optar por el viaducto que, constructivamente, no tiene nada que ver con el túnel. Se descartó por ser muy oneroso, pero el viaducto cuesta exactamente lo mismo. La razón verdadera del descarte era que había que mudar a ciudadanos por un tiempo perentorio para poder construir la trinchera licitada y eso implicaba un problema que los políticos no querían tener. Ricardo Martinelli quería tener todas sus obras culminadas en los cinco años de su gobierno y negociar con tanto panameño “tugurizado” en edificios antiguos, era complicado, no imposible.

Surge, entonces, el problema de los “cuatro gatos de San Felipe” que comenzamos a cuestionar este proyecto. El Gobierno para proteger su idea y desviar la atención nos acusa de elitistas, con intereses ocultos e inicia una guerra de clases, utilizando las estructuras políticas que tenían varios políticos en El Chorrillo.

Una vez establecidas las amenazas necesarias para tener el campo abierto, se proyectaron en todas las televisoras y cines sendas propagandas, alabando el progreso que traería la cinta costera III a la ciudadanía; utilizando toda la maquinaria del Estado para este fin. Esto sucedía paralelo al hecho de que una comitiva del Gobierno había viajado a Rusia a la reunión del Comité de Patrimonio Mundial, para lograr, a toda costa, la aprobación del proyecto en la Unesco. En esta reunión, el grupo de Panamá, liderado por la directora del Instituto Nacional de Cultura (Inac), María Eugenia Herrera –quien no intervino–, mintió, expresando que las obras de la cinta costera no se habían iniciado, algo que expresamente pondría a Panamá en la palestra.  Esta mentira sirvió para negociar con la Unesco un tiempo adicional para presentar los estudios que se necesitan hacer y para  intervenir en un sitio Patrimonio Mundial.

La estocada final vino con las reuniones secretas que sostuvo el Inac en Panamá, a inicios de septiembre, con sendos consultores pagados. A estos consultores se les dijo, como premisa de trabajo, que estaban allí para revisar solo el viaducto que era la única opción que Panamá aceptaba y que su rol era hacerlo menos feo y potable para los técnicos de la Unesco. En ningún momento se abrió la puerta para estudiar otras alternativas que fuesen menos intrusivas o más creativas. En base a esta premisa, a los consultores nos le quedó más remedio que buscar soluciones a este embrollo, aceptando siempre que el impacto visual sobre el Casco era inevitable.

Un día después de presentar este estudio a la Unesco, el Ministerio de Obras Públicas comunica que habían iniciado la construcción del tramo marino y fin de todo. Es aquí que debemos hacer un alto y entender que la construcción del viaducto se había iniciado con ambos rellenos, ya que el tramo marino no se puede construir sin la plataforma del relleno en la Avenida de los Poetas, explicado en el EIA aprobado en diciembre 2011.

Odebrecht, la compañía encargada de la obra, no ha parado nunca su cronograma de trabajo y construye, con medias verdades y artimañas. El tramo marino se inició exactamente en el tiempo estipulado por el cronograma, la aprobación de la Unesco nunca fue para este Gobierno un problema, sino algo que se hizo para hacer ver que se escuchaba a la ciudadanía. Tener un sitio Patrimonio de la Humanidad es un honor del que debemos estar orgullosos, pero poseer un Casco Antiguo como el nuestro, protegido por 340 años y como parte de nuestra ciudad, es aún más importante. Mal se puede hablar con aquellos que no quieren escuchar, y mucho menos se puede luchar contra un proyecto que se ha vendido como la panacea al problema de tráfico en la ciudad, con el apoyo de los medios.

La lucha por el respeto a nuestra historia debe ser la lucha de todo panameño que quiere un futuro mejor. Roma no es Roma por sus avenidas y autopistas, lo es porque ha sabido crecer como ciudad, respetando siempre su patrimonio histórico.