Muchas veces he escuchado decir que lo importante no es tanto lo que se hace, sino cómo se hace. Y la verdad en estos días, como residente del Casco Antiguo, esta afirmación no se me puede haber hecho más evidente.

Sin tomar siquiera en consideración la naturaleza de los trabajos que se están llevando a cabo en las calles del Casco, o si son justificados, o si debieron haber abarcado otros aspectos que necesitan atención, etc.; dejando todas esas discusiones a un lado, y concentrándome solamente en la forma en que los mismos se están realizando, puedo concluir que hay una urgente necesidad de una gerencia efectiva de construcción. Dicho de otra manera: Urge que las entidades encargadas de este proyecto integren a sus equipos profesionales preparados que tengan lo que se requiere para dar respuesta y comprometerse con el bien de la comunidad a la que pretenden ayudar, y no un personal comprometido solamente con el avance de los trabajos contratados y un tiempo “X” de ejecución.

Los coordinadores de los trabajos en el Casco, llámense como se llamen, deben contemplar las condiciones únicas de un barrio histórico. Aquí la propiedad pública y la privada prácticamente se entrelazan. Las residencias no cuentan con un portal o un retiro frontal, como sucede en otras áreas de la ciudad. Las puertas de las casas dan directamente a la calle y se integran con la misma. Y los comercios que existen son de menor escala, un comercio vecinal, prácticamente residencial.

Teniendo esto en mente, es imposible tratar la construcción como si fuera un proyecto de carretera cualquiera en el que el ruido, el polvo, los tiempos de ejecución y la protección de las obras se manejan como si no hubiera personas morando justo al lado. Detrás de cada valla instalada hay una casa, con niños, ancianos, seres humanos que se ven directamente afectados por los trabajos. Convertir cada vez más aceras en lo que los residentes llamamos “el pasadizo del diablo” (pasillos oscuros con obstáculos que dificultan el paso), maltratar y no reparar las aceras que todavía se pueden transitar, dejar las entradas de las casas desprotegidas, no cumplir con la programación de trabajo, entre otras cosas, son situaciones que platean amenazas preocupantes para residentes y visitantes del barrio.

Adicionalmente, el fenómeno que se observa es que cada vez se cierran más vías, sin abrir las que según programación debieran estar listas para el tráfico. Dicho en pocas palabras, se está ahorcando al Casco sin necesidad.

De ahí la necesidad urgente de la gerencia de construcción eficiente. Con una programación coherente y un plan adecuado de mitigación, el cual la comunidad ha solicitado insistentemente, estos dolores de cabeza podrían reducirse considerablemente e incluso eliminarse en su totalidad.

Y en qué consiste un plan de mitigación? En sentido común y consideración con los seres humanos. Por ejemplo, si es necesario poner vallas tan oscuras en las aceras, entonces proveer iluminación adecuada para los peatones y asignar más seguridad en las áreas afectadas.

Establecer horarios para los trabajos que generan vibración y ruido, ya que no hay persona que aguante días enteros a este ritmo. Por cierto, este punto se podría objetar porque los trabajos se atrasarían, sin embargo la programación inicial de construcción debía contemplar estas condiciones.

Limpieza del polvo que se levanta, reparación de daños que se producen, etc.

Y entre los puntos más importantes está la comunicación con la comunidad. Informar con suficiente antelación cuándo se realizarán los trabajos, proveer rutas alternas, y apegarse a lo establecido, de manera que los residentes no estén todos los días cuestionándose por cuál calle se podrá transitar hoy.

Espero que los encargados de este proyecto tomen conciencia e integren a su trabajo el componente humano que forma parte del Casco Antiguo, que preparen planes de mitigación según ha solicitado la comunidad y de esa manera se acojan también a la buena práctica de la construcción.