Escrito por Arq. Hildegard Vásquez

La escala humana, que permite la interacción ciudadana, se ha convertido casi en un mito el pasado. Las plantas bajas de las edificaciones están ahora determinadas por la cantidad de estacionamientos que debemos generar para cubrir la demanda de edificios altísimos donde trabajarán o habitarán cientos de personas. Estos mismos edificios ocupan la totalidad de un lote generado en el pasado por una ciudad pequeña y provinciana como lo era la nuestra. Esta ocupación total conlleva una pérdida de hasta la entrada peatonal de un edificio rodeado de áreas verdes y aceras no interrumpidas por rampas de estacionamientos.

Los culpables de tanto delito urbano en América Latina no son solo los arquitectos, sino también los planeadores urbanos y políticos quienes acomodan el desarrollo urbano a las decisiones políticas y no las urbanísticas. Quiero tomar de ejemplo el proyecto de la Cinta Costera Fase 1 para ilustrar este punto.
Esta gran avenida costera, diseñada y construida por decisión presidencial y muy controvertida en sus inicios se ha convertido hoy en día en la solución de esparcimiento diario de muchos. Lastimosamente la ciudad de Panamá tiene muy pocos espacios públicos de esparcimiento y este se ha convertido en el ejemplo a seguir en temas de desarrollo urbano.

El peatón tiene pocas entradas y salidas factibles a un espacio bordeado por una doble vía rápida. Si el plan es entrar a la mitad del camino, deben cruzar la avenida Balboa y localizar los 3 puentes peatonales que sirven de interconexión de una isleta al otro lado para poder llegar, una extenuante hazaña. Otra opción es entrar por el inicio o final de la misma para recorrer la acera peatonal de canto a canto, consciente de que en el mercado de mariscos el olor a basura marina puede ser nauseabundo. Finalmente, la única otra vía de entrada es llegar en automóvil que creo es para lo que fue diseñada esta carretera.

Una vez dentro confirmo que el planeamiento se ha hecho desde un avión y no considerando como los seres humanos percibimos y vivimos un espacio. La muralla que protege del mar, tan agradable que era con la Avenida Balboa ha tenido que ser pintada hasta de celeste para ver como desaparece un poco de lo pesada en el paisaje. Las bancas de concreto no recibieron ni 5 minutos de diseño de parte de nadie ya que se utilizaron esas de concreto que se hace para cada parque público. En varios lugares a lo largo del espacio se han colocado sendas caseta sin uso alguno que ya demuestran su desuso, tejas rotas, baños inexistentes y pintura sucia. Y es que hemos gastado mucho dinero público en edificaciones que no tienen absolutamente ningún uso urbano. Si se hubiese gestionado que estos espacios fueran puntos de venta de bebidas refrescantes, se podría generar un pequeño ingreso mensual para el mantenimiento al mismo tiempo que se generan capacidades emprendedoras.

El espacio para esparcimiento de los niños surge como un área enjaulada que se pensó mucho después y por supuesto en días feriados está completamente congestionada de niños desesperados un área para jugar en ésta ciudad hostil. No es mucho más oneroso crear diferentes espacios de juegos para niños a lo largo de dicha cinta, y así comenzar a hacer ciudad humana de intercambio y conexión.

A esta famosa carretera le quedan solo 2 años mas de mantenimiento por parte de las autoridades, una vez se culmine este contrato nadie tendrá la previsión para hacer una nueva licitación, que no nos cueste tanto dinero, ya que estaremos en año de elecciones y eso le tocará al que viene.

No soy urbanista pero si estoy preocupada por la calidad de ciudad que estamos construyendo y creo debemos analizar más la realidad de que no debemos conformarnos con lo que nos dan los políticos sino lo que nos merecemos.